Evidencias de canibalismo entre los xiximes
Después de cuatro años de investigación en la Cueva del Maguey, en la Sierra de Durango, especialistas del INAH han confirmado, mediante estudios osteológicos, que los antiguos grupos xiximes consumieron carne humana durante un ritual asociado con la guerra y el ciclo agrícola. Los investigadores han llegado a esta conclusión después de efectuar estudios de antropología física a alrededor de cuatro decenas de huesos humanos, halladas por arqueólogos en esa región, de los cuales, al menos el 80 por ciento tiene huellas de corte y de haber sido hervidos, lo que revela prácticas de antropofagia como parte de un rito que sólo incluía a xiximes, es decir, únicamente se consumían entre ellos.
José Luis Punzo, arqueólogo responsable del Proyecto de Investigación y Conservación de las Casas en Acantilado de la Cueva del Maguey explicó:
José Luis Punzo, arqueólogo responsable del Proyecto de Investigación y Conservación de las Casas en Acantilado de la Cueva del Maguey explicó:
A partir de los estudios arqueológicos del mencionado ritual, se busca recuperar el testimonio de los indígenas que habitaron hacia el año 1450, en casas construidas en el interior de cuevas, conocidas como Casas en Acantilado, y cuya cosmovisión se perdió con la evangelización, mientras que sus actividades sólo eran conocidas a partir de cartas elaboradas por los misioneros europeos bajo la concepción cultural occidental y de la religión católica, sin tomar en cuenta lo que motivó a los xiximes a alimentarse del alma de otro ser humano. La investigación ha implicado un ir y venir de la etnohistoria a la arqueología, que ha permitido establecer un ciclo ritual muy complejo, desarrollado por los xiximes para la siembra y crecimiento del maíz, y en el que también la cacería de venado era una pieza importante. Durante los últimos cuatro años se han descubierto alrededor de cuatro decenas de huesos humanos, principalmente largos y de coyunturas. De éstos, el 80 por ciento tiene huellas de corte y de haber sido hervidos con fines de antropofagia, como se ha identificado con estudios de antropología. Previo a esta exploración ya se tenía información por fuentes etnohistóricas de esta práctica en lo que hoy es la Sierra de Durango. Sin embargo, no se habían comprobado con evidencias arqueológicas. Además de que para la antropología se trata de estudios sumamente delicados, porque la antropofagia suele verse con prejuicio, incluso por los historiadores. Lo importante es verlo como una cuestión fundamental en la cultura de los xiximes. Las fuentes históricas que hacen más referencia a este ritual son las cartas anuales que hacían los jesuitas a principios del siglo XVII, para informar de sus actividades. La más importante es la Carta annua de Hernando de Santarén, que envió en 1604 a sus superiores en México, informándoles de los grupos indígenas que encontraron en la sierra del actual estado de Durango. El jesuita hace una descripción etnográfica y su texto ha sido muy publicado desde los años 30 del siglo XX. Encontramos más cartas que no estaban publicadas, como otra del mismo Santarén de 1611 y las misivas del padre Alonso Valencia. Por pruebas de datación de carbono 14 en los huesos recolectados, confirmamos que los xiximes habitaron en la Cueva del Maguey hacia 1450. Es decir que los jesuitas los encontraron viviendo en ese sistema de cuevas. A partir de conjuntar dichos textos con la evidencia arqueológica, se ha podido reconstruir el ciclo ritual, que es un logro para entender la cosmovisión de ese grupo, porque sólo se conocía la visión descrita por los españoles. El ritual se llevaba a cabo para la cosecha e implicaba la cacería de venado y la elaboración de tamales con el maíz nuevo. Después de ello, los xiximes salían a la guerra, a la cual se dedicaban la mitad del año. Cuando ganaban una batalla solían llevarse el cadáver del enemigo. Al regresar a su localidad hacían un ritual muy complejo en el que participaba toda la población, cuyo objeto era apropiarse del alma del otro mediante el consumo de su cuerpo. Las partes de mayor valor eran la cabeza y las manos. Es importante decir que solamente se comían entre xiximes. Podían pelear contra otros grupos culturales pero no se llevaban los cuerpos ni se los comían, sólo entre xiximes tenía lugar esta guerra ritual. Los huesos humanos eran muy importantes para los xiximes porque les permitían renovar el ciclo del maíz. Para volver a sembrar tenían que hacer otro ritual con los huesos de los enemigos razón por la cual los guardaban. A través de registros minuciosos hemos podido localizar concentraciones mayores de huesos.
| publicado el 24 de Julio de 2011 texto: INAH y www.aztlanvirtual.com fotografía: INAH enlace permanente |

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