El lobo-perro de los teotihuacanos

A partir de estudios de arqueozoología aplicados a esqueletos de cánidos hallados en los entierros de la Pirámide de la Luna y el Templo de Quetzalcoatl, en Teotihuacan, los especialistas han determinado que esta antigua cultura practicó la hibridación del lobo y el perro, obteniendo un lobo-perro, un animal que se usaba en rituales y estaba asociado con la milicia teotihuacana.
El arqueozoólogo Raúl Valadez Azúa, del equipo de especialistas de la UNAM que analiza las osamentas de animales hallados en el Entierro 6 de la Pirámide de la Luna, declaro:
El arqueozoólogo Raúl Valadez Azúa, del equipo de especialistas de la UNAM que analiza las osamentas de animales hallados en el Entierro 6 de la Pirámide de la Luna, declaro:
Lobos y perros comparten 99.8 por ciento de información genética, de ahí que la cruza de ambos animales practicada por los teotihuacanos pudo ser factible, y dio como resultado al loberro, un ejemplar que portaba la sangre divina del cánido silvestre, pero en un cuerpo manejable. Se ha identificado como un animal creado por el hombre, que nos muestra tanto el manejo avanzado del uso de la fauna, como el conocimiento que tenían los teotihuacanos de la biología de las especies. No sólo se limitaba al aprovechamiento de la carne, la piel o el hueso, sino que tenían un amplio conocimiento sobre la biología de los animales, lo cual se veía reflejado en la manipulación de los organismos, en prácticas como la cautividad o quizá incluso su domesticación. Uno de los personajes enterrados en el Templo de Quetzalcoatl, portaba como parte de su indumentaria nueve maxilares que fueron hechos por los teotihuacanos, a partir de fragmentos de paladares y piezas dentales de varios ejemplares, que en un principio se creyó eran perros. A partir de medidas dentales y del paladar, así como de la forma dental, se identificó que ocho de los maxilares correspondían a híbridos de perro y lobo o loberros, tres a perros, dos a híbridos de coyote y loberro, y uno a la mezcla de coyote y perro. Durante muchos años, cualquier representación teotihuacana que tuviera forma de cánido se interpretaba como coyote, es así que los artículos sobre la iconografía de esta cultura, realizados entre 1960 y 2000, la interpretación de una forma de cánido se asociaba con el coyote. Ahora tenemos la información arqueozoológica que demuestra que, por cada osamenta de coyote que se descubre hay 20 lobos, lo que está llevando a repensar la interpretación de representaciones iconográficas de cánidos. En el caso de los lobos, se han encontrado crías juveniles completas, pero de ejemplares adultos sólo se han hallado las cabezas y pieles; en el caso de los pumas se han descubierto osamentas completas de ejemplares que estuvieron vivos hasta el último día antes del sacrificio, eso nos permite pensar que quizá alcanzaron un nivel más avanzado en el manejo en cautiverio del puma y quizá se promovió su crianza con propósitos religiosos. En las excavaciones que se realizaron en la Pirámide de la Luna se encontraron varios entierros-ofrenda con restos de lobos de seis meses de edad que fueron enterrados vivos, por lo que se infiere que fueron capturados siendo lobeznos y se mantuvieron en cautiverio durante unos meses para ser utilizados en el momento de hacer el sacrificio.
| publicado el 18 de Diciembre de 2010 texto: www.aztlanvirtual.com e INAH fotografía: INAH enlace permanente |

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