La industria ósea de Teotihuacan

Se sabe que en la gran metrópoli del Altiplano Central de Teotihuacan existió una gran industria ósea que produjo utensilios de uso cotidiano, a partir de huesos de seres humanos que eran obtenidos muy probablemente de cadáveres de los mismos teotihuacanos, y que no eran huesos exhumados, de cuerpos ya esqueletizados, sino "frescos".

Abigail Meza Peñaloza, antropóloga del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM es la directora del proyecto “La industria ósea y el culto a los ancestros en Teotihuacan”, que estudia esta indistria en La Ventilla, uno de los barrios de Teotihuacan dedicado a la lítica y en la fase Tlamimilolpa (entre los años 200 y 350 d.C.). Comentó:
Cuando el hueso muere, se vuelve quebradizo, es menos resistente. Por eso, para poder moldearlo o transformarlo en un artefacto, se necesita que sea ‘verde’, lo más fresco posible. Las principales huellas de corte están relacionadas con el descarne y el despiece, sobre todo con la separación de los huesos del muslo. Los huesos humanos con que están elaborados esos artefactos no parecen ser de sujetos foráneos sacrificados, según dos indicios: se han encontrado en todos los contextos teotihuacanos domésticos y ceremoniales, asociados a diferentes actividades y, según análisis morfológicos, están muy emparentados biológicamente con los huesos de los muertos enterrados de manera tradicional, debajo de los pisos de las casas. Cuando comparé los contornos de los senos frontales utilizados en artefactos de uso cotidiano con los de los cráneos de sujetos enterrados, ambos grupos del periodo Clásico, resultaron idénticos; en cambio, los primeros se alejaban de las formas, los contornos y los tamaños de los de los cráneos de sujetos sacrificados en el templo de Quetzalcoatl y de sujetos que provenían de una temporalidad tardía, durante el Posclásico y estaban asociados a otra tradición cultural no teotihuacana. Con esos análisis es posible identificar las fuentes de consumo de agua de los sujetos y, de este modo, inferir su movilidad residencial, o comprobar si se adaptaron parcial o completamente a un nuevo ambiente o si su dieta correspondía a la de la región, que era diferente, por ejemplo, de la de sujetos que habitaban en la costa. Allí podría haber señales de si cierto sujeto bebió agua de otros lugares durante su vida. Desafortunadamente, debido a la variedad de artefactos de uso cotidiano y a que todos los huesos están fragmentados, no podemos ‘cazar’ el Fémur con los dientes; de hecho, es imposible saber a quién o a quiénes pudieron haber pertenecido. Los teotihuacanos separaban el neurocráneo, la calota, el frontal, los parietales y el occipital, que son convexos y van unidos por las suturas craneales. Entre los más de 500 artefactos que hemos rescatado hay botones y aplicaciones para ropa, espátulas o piezas que pudieron servir para desfibrar fibras vegetales, trabajar piel o elaborar papel, agujas de diferentes tamaños para sastrería o para tejer redes, lanzaderas y peines para los telares, y sobre todo, pulidores que se usaban en la hechura de cerámica o como pulidores de estucos.”


publicado el 27 de Junio de 2010
texto: www.aztlanvirtual.com y El Universal
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