Descubierta la tumba más antigua de Mesoamérica

Un equipo de científicos integrantes del Proyecto Arqueológico Chiapa de Corzo, ha descubierto dentro de una pirámide en la zona arqueológica de Chiapa de Corzo, la tumba de un dignatario que podría ser la más antigua de su tipo en toda Mesoamérica. Los estudios preliminares de la excavación revelan que los entierros tienen una antigüedad aproximada de 2.700 años.
El hallazgo en este sitio de filiación zoque consiste en los restos óseos de cuatro individuos, dos de ellos vestidos con jade, utensilios de cerámica y otros objetos preciosos para la cultura y la época. La importancia del descubrimiento radica en que permitirá ajustar las cronologías de desarrollo de las antiguas culturas olmeca y maya, además de revelar que el uso de pirámides como recintos funerarios es mucho más antiguo de lo que se había creído hasta ahora.
A partir de las características de los materiales cerámicos hallados, los expertos han determinado de manera preliminar que la tumba data del periodo Preclásico Medio, comprendido entre los años 700 y 500 a.C., dato que se confirmará tras los estudios de carbono 14, estroncio y ADN que se harán a las osamentas y a los objetos. El descubierto consiste en una cámara funeraria con un anexo, ubicada al interior de una de las estructuras más tempranas del Montículo 11 de Chiapa de Corzo; una pirámide que debió tener entre 6 y 7 metros de altura, escaleras de barro y un templo en la parte superior.
Tras una jornada de más 24 horas continuas de excavación, los arqueólogos lograron desenterrar en su totalidad una tumba de 4 x 3 m² localizada a unos 7 metros en el interior del Montículo 11, que contenía los restos óseos de tres individuos. Uno corresponde a un personaje masculino de alto rango, según lo señala el rico atavío con que fue colocado. También se encontró a un niño de aproximadamente un año, y a un adulto joven, quienes habrían sido depositados como acompañantes, posiblemente sacrificados. El personaje principal debió tener más de 50 años en el momento de su muerte. Fue colocado en posición decúbito dorsal y extendido y con la cabeza hacia el norte. Su boca estaba tapada con una concha y sus dientes tienen incrustaciones de jade o concha. Por la posición de los esqueletos, se intuye que el niño fue cuidadosamente enterrado, conservando articuladas sus extremidades, no así el joven de aproximadamente 20 años quien posiblemente fue arrojado al interior de la tumba. Anexo a la cámara principal, que estuvo techada con tablones y en un pequeño desnivel, los arqueólogos hallaron otro sepulcro donde estaba la osamenta probablemente de una mujer, cuya edad al fallecer debió oscilar los 50 años, igualmente sobre su boca tenía una concha y mostraba incrustaciones dentarias. Depositado también bocarriba y extendido, pero con dirección al este, el cuerpo fue acompañado de una profusa ofrenda, consistente en un ajuar de jade y perlas, pendientes en forma de aves y de un mono saraguato, dos vasijas, un espejo de pirita, una espina de mantarraya colocada sobre su pecho, así como cuentas de ámbar.
Los arqueólogos Bruce Bachand, Emiliano Gallaga y Lynneth Lowe comentaron:
La gran similitud que guardan varios de los elementos dispuestos en este entierro múltiple de Chiapa de Corzo, sobre todo ornamento y cerámica, con otros que fueron descubiertos en la década de los cuarenta del siglo pasado, en La Venta, concretamente en la plaza principal del Grupo C, confirman los nexos que mantuvieron ambas ciudades en el Preclásico Medio.
Los arqueólogos afirmaron:
El hallazgo en este sitio de filiación zoque consiste en los restos óseos de cuatro individuos, dos de ellos vestidos con jade, utensilios de cerámica y otros objetos preciosos para la cultura y la época. La importancia del descubrimiento radica en que permitirá ajustar las cronologías de desarrollo de las antiguas culturas olmeca y maya, además de revelar que el uso de pirámides como recintos funerarios es mucho más antiguo de lo que se había creído hasta ahora.
A partir de las características de los materiales cerámicos hallados, los expertos han determinado de manera preliminar que la tumba data del periodo Preclásico Medio, comprendido entre los años 700 y 500 a.C., dato que se confirmará tras los estudios de carbono 14, estroncio y ADN que se harán a las osamentas y a los objetos. El descubierto consiste en una cámara funeraria con un anexo, ubicada al interior de una de las estructuras más tempranas del Montículo 11 de Chiapa de Corzo; una pirámide que debió tener entre 6 y 7 metros de altura, escaleras de barro y un templo en la parte superior.
Tras una jornada de más 24 horas continuas de excavación, los arqueólogos lograron desenterrar en su totalidad una tumba de 4 x 3 m² localizada a unos 7 metros en el interior del Montículo 11, que contenía los restos óseos de tres individuos. Uno corresponde a un personaje masculino de alto rango, según lo señala el rico atavío con que fue colocado. También se encontró a un niño de aproximadamente un año, y a un adulto joven, quienes habrían sido depositados como acompañantes, posiblemente sacrificados. El personaje principal debió tener más de 50 años en el momento de su muerte. Fue colocado en posición decúbito dorsal y extendido y con la cabeza hacia el norte. Su boca estaba tapada con una concha y sus dientes tienen incrustaciones de jade o concha. Por la posición de los esqueletos, se intuye que el niño fue cuidadosamente enterrado, conservando articuladas sus extremidades, no así el joven de aproximadamente 20 años quien posiblemente fue arrojado al interior de la tumba. Anexo a la cámara principal, que estuvo techada con tablones y en un pequeño desnivel, los arqueólogos hallaron otro sepulcro donde estaba la osamenta probablemente de una mujer, cuya edad al fallecer debió oscilar los 50 años, igualmente sobre su boca tenía una concha y mostraba incrustaciones dentarias. Depositado también bocarriba y extendido, pero con dirección al este, el cuerpo fue acompañado de una profusa ofrenda, consistente en un ajuar de jade y perlas, pendientes en forma de aves y de un mono saraguato, dos vasijas, un espejo de pirita, una espina de mantarraya colocada sobre su pecho, así como cuentas de ámbar.
Los arqueólogos Bruce Bachand, Emiliano Gallaga y Lynneth Lowe comentaron:
El hombre fue ataviado con sartales de más de un millar de cuentas de jade, un taparrabo o faldellín al que le fueron incrustadas minúsculas perlas, pendientes de jade de diversas formas, incluyendo un lagarto y cucharillas de estilo olmeca, ajorcas colocadas en sus tobillos y rodillas, pulseras, brazaletes, una posible máscara con ojos de obsidiana verde, un espejo de pirita y 15 vasijas, algunas de ellas de superficie pulida de color negro a grisáceo, o blanco y negro, con diseños negativos o punzados. Mil años antes de la aparición de tumbas reales en el interior de las pirámides en sitios de la región maya, aquí, en Chiapa de Corzo, ya se estaban usando estas estructuras piramidales con fines de enterramiento para personajes de la élite, estamos hablando del año 700 a.C."
La gran similitud que guardan varios de los elementos dispuestos en este entierro múltiple de Chiapa de Corzo, sobre todo ornamento y cerámica, con otros que fueron descubiertos en la década de los cuarenta del siglo pasado, en La Venta, concretamente en la plaza principal del Grupo C, confirman los nexos que mantuvieron ambas ciudades en el Preclásico Medio.
Los arqueólogos afirmaron:
No cabe duda que la tumba tiene una conexión con la región nuclear olmeca, más directamente con La Venta. Sin embargo, existen otros elementos que nos muestran una separación entre los líderes de esta antigua ciudad con La Venta, para confirmar eso debemos explorar también áreas domésticas de Chiapa de Corzo.
| publicado el 18 de Mayo de 2010 texto: www.aztlanvirtual.com e INAH fotografía: INAH enlace permanente |

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