Descubren restos asociados a soberanos en el Templo Mayor

El arqueólogo Leonardo López Luján, director del Proyecto Templo Mayor, comunicó recientemente la presencia de restos de siete aves espátulas rosadas, cuatro de ellas objeto de trabajos de taxidermia, en las ofrendas 99, 101, 104, 120, 128 y 141. Dispuestos en compañía de una gran diversidad de artefactos y materiales que van de barras de copal, cuentas de piedra verde, cetros serpentiformes y cuchillos de pedernal, a vestigios de animales marinos y terrestres, y otras aves como el águila dorada, tanto los individuos completos de espátula rosada, como sus pieles, fueron orientados en el sentido oriente-poniente y con la cabeza dirigida hacia el ocaso.

Siempre se hallaron asociados a imágenes de divinidades del agua y de la fertilidad y cubriendo con su rico plumaje aquellos niveles compuestos por símbolos relativos al inframundo, descrito en las fuentes como de carácter acuático, nocturno y de la muerte. En lo que respecta a la distribución espacial de las ofrendas halladas en el predio donde se descubrió el monolito de la diosa Tlaltecuhtli, todas fueron sepultadas bajo el piso de la plaza, exactamente al pie de la fachada principal de la pirámide que da hacia el poniente.

El antiguo significado religioso atribuido por los antiguos nahuas, ha brindado información relevante para comprender los móviles de los sacerdotes que las inhumaron. Éstas se relacionaban con los difuntos, en particular con los guerreros, los nobles y los reyes, teniendo connotaciones solares.Según lo narran Alvarado Tezozómoc y Durán, al fallecer los soberanos mexicas, sus cadáveres eran cremados en una gran pira construida para tal efecto al pie de la fachada principal del Templo Mayor. Las cenizas resultantes eran colectadas en urnas o mantas y finalmente sepultadas en el Cuauhxicalco, edificio circular ubicado al pie y al poniente de la gran pirámide. A la luz de esta evidencia, se cree que los ejemplares de espátula rosada, enterrados en ocasiones junto con águilas doradas y colibríes, frente al Templo Mayor, pueden aludir al Sol y a los guerreros caídos en contienda y por tanto, su presencia en los contextos arqueológicos del recinto sagrado, serían el mejor indicio de que los cronistas no se equivocaron y que aún se encuentran los sepulcros reales de Tenochtitlan, esperando a ser descubiertos.


publicado el 04 de Octubre de 2013
texto: INAH y www.aztlanvirtual.com
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Descubiertas Posibles Nuevas Cámaras en la Tumba de Pakal



Anomalías que corresponden a un par de cavidades de entre 2 y 3 metros, detectadas con un georradar en la parte frontal del Templo de las Inscripciones de Palenque, y la corroboración de que la cripta de Pakal II no descansa sobre la roca original, apuntan a que la cámara funeraria no fue el punto de partida para erigir la célebre construcción maya, como sugirió su descubridor, el arqueólogo Alberto Ruz Lhuillier.

Los ingenieros José Ortega Ramírez y Luis Ángel Villa Alvarado, del Laboratorio de Geofísica del INAH, así como los doctores Maksim Bano y Pascal Sailhac del CNRS francés, se trasladaron hace unas semanas a esta zona arqueológica localizada al noreste de Chiapas, para avanzar en sus estudios. Ya en 2010, con motivo del descenso de la lápida de siete toneladas que cubre el sarcófago de Pakal II y a fin de conocer el estado que guardaba tanto éste como el subsuelo, se realizaron trabajos con georradar. También para detectar fuentes de humedad se hicieron cuatro sondeos experimentales de Tomografía Resistiva Eléctrica.

De acuerdo con el doctor José Ortega, responsable del proyecto, en ese entonces la información obtenida por la ERT indicó una zona muy conductiva de la energía eléctrica, entre 2 y 3 metros de profundidad, en la parte norte. Los resultados del georradar fueron similares. En los trabajos recién efectuados, se utilizó la técnica de tomografía eléctrica con el objetivo de encontrar en la parte posterior del Templo de las Inscripciones, en una sección de 40 metros de largo y a una profundidad de 10 metros, las posibles fuentes de humedad que afectan el interior de la cripta de Pakal y para saber su relación con la arquitectura del edificio.

Descubierta hace más de 60 años por el arqueólogo Alberto Ruz Lhuillier, la cripta de Khinich Janaab Pakal no reposa sobre roca madre u original, sino tal vez encima de una estructura construida con lajas muy grandes y rellenas con fragmentos de piedra. Estos datos obtenidos en 2010 son los que se intentan verificar ahora con el uso de un georradar de manufactura sueca, facilitado por el CNRS. El también profesor del Instituto de Física del Globo de la Universidad de Estrasburgo, dijo que las anomalías detectadas tres años atrás corresponden a dos cavidades ubicadas entre 2 y 3 metros de profundidad, al pie de la escalinata norte, por lo que consideró necesaria su verificación. El propósito es, a partir de la información obtenida con el uso del georradar y la tomografía de resistividad eléctrica, desarrollar en conjunto un proyecto de exploración.

El arqueólogo Arnoldo González Cruz, responsable de los trabajos arqueológicos en el sitio de Palenque comentó:
Es cierto que existe esta teoría en torno a un acceso a la tumba de Pakal II por la parte frontal del edificio, pero esto no dejará de ser mera especulación hasta que no se haga un trabajo más formal, arqueológico, en el exterior, y apoyado en este tipo de tecnología de prospección geofísica. Tampoco es posible descartar o corroborar por el momento, que las anomalías reportadas en el frente del Templo de las Inscripciones aludan más bien a una antigua red hidráulica. En 2012, durante un proceso de excavación al pie de la pirámide se encontró la porción de un canal que parece atravesar la parte inferior del edificio y continuar hacia el norte de la plaza, habría que comprobar su extensión y su distribución, igualmente por métodos geofísicos. Desde el punto de vista físico es muy probable que se formaran fracturas en el piso cuando su descubridor, decidió que la lápida de siete toneladas fuera sostenida por rieles. Actualmente la losa ya reposa de nuevo sobre el sarcófago, lo que en total suma 28 toneladas. Llevamos un sondeo con georradar y una vez que sean procesados e interpretados, se estará en posibilidades de definir las fracturas y las posibles estructuras producto de la actividad humana en el subsuelo, previas a la construcción de todo el templo. La intención es llevar a cabo estas labores en los nueve cuerpos del Templo de las Inscripciones, al momento hemos trabajado tres cuerpos y medio, más la escalinata principal. En 2014 daremos continuidad en la fachada norte y posteriormente en la Este”


publicado el 04 de Agosto de 2013
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Descubierta una extraña ofrenda de esferas metálicas en el interior del Templo de la Serpiente Emplumada en Teotihuacan



El ingreso del robot Tláloc II-TC al último tramo del túnel que se halla bajo el Templo de la Serpiente Emplumada, en Teotihuacan, reveló la existencia de al menos tres cámaras al fondo del conducto, no sólo de una, como habían supuesto los arqueólogos al principio de la exploración.

Mientras el arqueólogo Sergio Gómez Chávez, director del proyecto Tlalocan: Camino bajo la tierra, del INAH, pedía acercamientos de la configuración de la parte final del conducto subterráneo a los ingenieros en robótica, la topografía obtenida a través del escáner con que está dotado el autómata delineaban la presencia de tres espacios.

El investigador detalló que este hallazgo se vincula con el descubrimiento realizado en los años 70 debajo de la Pirámide del Sol, donde también existe un túnel que conduce a cuatro cámaras, sin embargo, anotó que deficiencias en la excavación impidieron recuperar en ese entonces mayor información de su contenido.

De ahí que la continuidad de los trabajos en las profundidades del Templo de la Serpiente Emplumada, en La Ciudadela, contribuirá a esclarecer aspectos de la vida ritual en Teotihuacan, probablemente aquellos relacionados con la inhumación de sus gobernantes o personajes de alta jerarquía, de confirmarse la existencia de entierros dentro de las cámaras recién detectadas, dijo el investigador.

Pero quizás lo más significativo ha sido el descubrimiento de una extraña ofrenda de esferas metálicas, sin parangón. Mientras los arqueólogos esperan iniciar la exploración de los 30 m restantes que los llevarán a las tres cámaras al final del conducto subterráneo, han proseguido la excavación de las dos cámaras laterales o intermedias ya conocidas, ubicadas en el metro 74, donde se observa parte de lo que fueron sus muros de adobe.

En días recientes, en la cámara intermedia sur se registró una ofrenda atípica a las halladas en el túnel, la cual consiste en al menos un centenar de lo que al parecer fueron unas esferas metálicas y que debieron ser colocadas durante la última clausura del túnel, aproximadamente hace 1,800 años.

El arqueólogo Jorge Zavala, colaborador de los trabajos de campo explicó que
aún no podemos establecer su función porque constituye un descubrimiento inédito. Debieron tener forma de esfera, van de los 4 a los 12 centímetros y poseen un núcleo de arcilla con materia orgánica, después se les cubrió con pirita, mineral que experimentó un proceso de oxidación y se convirtió en jarosita, de ahí que tienen un tono amarillo


publicado el 12 de Mayo de 2013
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Hallados monumentos en la cima de la pirámide del Sol de Teotihuacan



En la cúspide de la Pirámide del Sol, a 66 metros de altura, arqueólogos del INAH localizaron la escultura más grande de Huehueteotl, dios viejo o del fuego, hallada hasta ahora en Teotihuacan, además de dos estelas completas de piedra verde y el fragmento de otra, que debieron decorar hace 1.500 años el templo que coronaba esta edificación.

El arqueólogo Alejandro Sarabia, quien junto con su colega, el doctor Saburo Sugiyama, de la Universidad Provincial de Aichi (Japón), desarrolla desde el 2005 el Proyecto Pirámide del Sol, informó que las piezas se encontraron al interior de una fosa —de 4 metros de ancho, 17 de largo y 5 metros de profundidad—, que probablemente data de finales del siglo V o inicios del VI de nuestra era.

El templo, que existió en la parte más alta de la pirámide, fue destruido por los propios teotihuacanos en ese periodo, pero algunos elementos arquitectónicos —como las estelas descubiertas— se dejaron en el lugar, pues su interés era otro. Sarabia y su equipo consideran que la fosa fue excavada en tiempos prehispánicos para recuperar la ofrenda principal de la construcción, en un acto de desacralización y repartir su contenido en otros edificios públicos de la antigua ciudad.

Al paso del tiempo, las piezas arquitectónicas que habían quedado in situ, cayeron dentro de la oquedad y ahí permanecieron durante siglos. Las recientes exploraciones en la cima de la Pirámide del Sol, las primeras en realizarse en este espacio, representaron una oportunidad única al dejar expuestos elementos inéditos de lo que fue su templo.

La arqueóloga Nelly Zoé Núñez Rendón, también investigadora del Proyecto Pirámide del Sol, responsable de las excavaciones en la cúspide de la edificación, precisó que el objetivo inicial de las mismas era ubicar el desplante del último cuerpo, mediante una cala de 3 por 5 metros, en sentido norte-sur.

A escasos 50 centímetros fueron apareciendo los elementos señalados, la escultura del dios viejo o del fuego, la más grande de su tipo en Teotihuacan y el fragmento de una estela de 80 kilos, más otros objetos de piedra verde o pizarra, como cuentas y placas y concentraciones de conchas marinas.

La poca profundidad a la que fueron localizándose las piezas, indica que cuando Leopoldo Batres consolidó la Pirámide del Sol, hace poco más de un siglo, únicamente cubrió la cima, sin antes haber excavado esta área.

Para Nelly Núñez, los hallazgos en la cúspide de la pirámide destacan por su gran formato. La escultura de Huehueteotl (que se halló completa en un 75 por ciento, y fue realizada en andesita gris) tiene 58 cm de altura y pesa alrededor de 190 kilos.

Esta representación conserva, en un caso inédito, parte de la pigmentación original sobre los diseños geométricos en bajorrelieve e iconográficamente dista de otras representaciones de la deidad. Sus brazos aparecen entrecruzados, las arrugas del rostro son poco profundas, la decoración de su brasero es atípica, porta un antifaz, además de moños, tanto en la cabeza como en el cuello.

Este espectacular descubrimiento, aunado al hallazgo en 1906 de un brasero y varios símbolos escultóricos de la ceremonia sagrada del Fuego Nuevo sobre la plataforma adosada, podría indicar que la Pirámide del Sol fue escenario de cultos de carácter ígneo (dedicados al fuego) y de finales de ciclos calendáricos.

En lo que respecta a las estelas completas de piedra verde, todas ellas son lisas. La primera —de 2.56 metros de largo y 955 kilos (el monolito de piedra verde más grande de los 20 registrados en Teotihuacan)—, se encontró a 4.30 metros de profundidad; la segunda estela —de 1.40 de alto y 300 kilos—, fue descubierta en la primera semana de diciembre pasado, poco antes de terminar la temporada de exploración de 2012.

El arqueólogo Alejandro Sarabia comentó:
Con las excavaciones de las últimas temporadas podemos decir que la pirámide del Sol fue concebida desde el principio con la altura que hoy podemos apreciar, cercana a los 70 m, hablamos de los siglos I o II d.C. Ahora sabemos que se realizó en un solo momento, dentro del periodo mencionado, aunque en el siglo III fueron ampliados sus dos primeros cuerpos, es decir, aumentó su anchura. De manera que estas cuestiones quedan despejadas después de poco más de 100 años de exploraciones. Cabe recordar que entre 2008 y 2010, valiéndonos de un túnel de 116 metros de longitud, los investigadores del INAH pudieron localizar, mediante pozos estratigráficos, tres estructuras previas a la construcción de la Pirámide del Sol, y dos ricos depósitos de materiales, uno de ellos, la ofrenda de consagración del edificio que data de fines del siglo I o comienzos del II. En ese espacio de 4 m2, se registraron cerca de mil 200 materiales: conchas, caracoles, discos de pizarra y de pirita, once vasijas Tláloc, una máscara de piedra verde, 40 objetos de obsidiana gris, restos óseos de un jaguar, de un cánido y de un águila. Básicamente en eso consistió la ofrenda dedicatoria.


publicado el 24 de Febrero de 2013
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Hallados más de 50 sahumadores en el Templo Mayor



Un conjunto de más de 50 sahumadores con restos de resina que podría ser copal, y cuya antigüedad se estima en 550 años, fue recuperado por arqueólogos del INAH en la Plaza Manuel Gamio, de la Zona Arqueológica del Templo Mayor, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

De acuerdo con los textos coloniales de fray Bernardino de Sahagún y Diego Durán, los sahumadores eran utilizados en tiempos prehispánicos para consagrar construcciones, de manera que los investigadores estiman que los descubiertos recientemente pudieron haber tenido una función similar.

El hallazgo se produjo durante las labores que se realizan para la creación de un vestíbulo de acceso a la Zona Arqueológica y Museo del Templo Mayor. Preliminarmente, se considera que dichas piezas de cerámica formaron parte de dos ofrendas de consagración, aunque hasta el momento se ignora con qué motivos o hacia qué espacio arquitectónico fueron dedicados.

El arqueólogo Raúl Barrera comentó:
Los objetos prehispánicos se hallaron en el predio Plaza Manuel Gamio, a poco más de seis metros de profundidad a nivel de calle, en un relleno de tierra localizado debajo de las 23 lápidas de tezontle encontradas en 2011, que pertenecen a la etapa constructiva IVa de lo que fue el Templo Mayor de Tenochtitlan, edificada de 1440 a 1469. Debajo de esa lajas se halló un relleno de tierra arcillosa y bajo éste, los restos de un piso de estuco incompleto, que fue roto intencionalmente durante la época prehispánica para introducir los sahumadores. Estos recipientes cóncavos forman parte de una serie de hallazgos registrados a partir de mayo pasado, que incluyeron, además de los sahumadores, un entierro humano a manera de osario y los restos de un árbol sagrado. Los investigadores descubrieron dos ofrendas de sahumadores que en conjunto suman 52 de estos recipientes, la mayoría de ellos están semicompletos y tienen remates en forma de cabeza de serpiente con lengua bífida; servían como instrumentos mediadores con los dioses para obtener sus favores”


publicado el 11 de Noviembre de 2012
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Hallada una nueva piedra de sacrificios y cráneos en Tenochtitlan



Un conjunto de 45 cráneos humanos y alrededor de 250 mandíbulas inferiores fueron descubiertos por arqueólogos del INAH en las cercanías de un edificio ceremonial que formaba parte del Recinto Sagrado de Tenochtitlan. El hallazgo, que se estima tiene poco más de 500 años de antigüedad, representa el depósito más numeroso de calaveras hasta el momento hallado en la Zona Arqueológica de Templo Mayor, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Raúl Barrera, responsable del Programa de Arqueología Urbana explicó:
Los cráneos eran utilizados por los antiguos mexicas como elementos de consagración o de clausura de espacios arquitectónicos, y para rituales vinculados al culto a Mictlantecuhtli, dios de la muerte, por lo que quizá se trata de una ofrenda que sirvió para clausurar alguna edificación prehispánica. El depósito de cráneos se halló en la parte posterior de la estructura denominada cuauhxicalco debajo del cual también se encontró una piedra de sacrificios, la segunda que se localiza en el sitio en los últimos 20 años, y que posiblemente corresponda a la etapa constructiva II del Templo Mayor. Debajo de la piedra sacrificial se descubrieron otros cinco cráneos fragmentados y que tienen un orificio a la altura del parietal, lo que hace suponer que quizá, en algún momento, formaron parte de un tzompantli. Es posible que algunos de los 45 cráneos que se encontraban por encima de la piedra de sacrificios, hayan sido manipulados con la intención de elaborar ‘máscaras-cráneo’ que nunca fueron concluidas, sólo son preformas, lo cual se infiere a partir de las huellas de corte que presentan. Los restos óseos se encontraron directamente sobre un relleno de tierra, correspondiente a la etapa constructiva IV de Templo Mayor. Estaban delimitados por un alineamiento de piedras que los concentraba en un espacio de 1,5 metros de este a oeste y 1,2 de norte a sur. Además corresponde al depósito de cráneos más numeroso hasta el momento descubierto en la zona arqueológica. Los cráneos se hallaron en buen estado, ya que las condiciones de humedad facilitaron su conservación, si bien se encontraron fragmentados por el peso de los pisos y rellenos de tierra que tenían encima, una buena parte de ellos están completos y con posibilidad de armarlos y restaurarlos. Respecto a la piedra de sacrificios, esta era utilizada en tiempos prehispánicos para colocar a una persona de espalda sobre ella, con dirección de oriente a poniente, una vez recargada, era sacrificada abriéndole la caja toráxica para sacar el corazón.


publicado el 7 de Octubre de 2012
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Hallados restos de la ciudad de Azcapotzalco



Más de una decena de entierros y diversas estructuras arquitectónicas, han sido halladas en la avenida Aquiles Serdán, en lo que hoy es la delegación Azcapotzalco de la Ciudad de México y antiguamente fue la ciudad que dominaba la cuenca de México antes del apogeo de los Mexicas. El descubrimiento es evidencia de un barrio de comerciantes tepanecas que tuvo su esplendor hace 700 años lo que confirma que el actual barrio de San Simón Pochtlán fue residencia de las familias de pochtecas o comerciantes durante la época Prehispánica, hacia 1200-1300 d.C.

Se trata de un espacio para la élite que fue parte de un conjunto cívico-ceremonial, lo que se deduce por la cercanía de la Capilla de San Simón, la cual fue edificada durante la Colonia sobre un teocalli. La arqueóloga Alejandra Jasso Peña, quien dirige las labores de prospección, informó que en una de las unidades de excavación, de aproximadamente 4 m de ancho por 22 m de largo, se han registrado al menos una decena de entierros en posición sedente, debido a que fueron amortajados con un fardo, casi todos infantiles, lo que habla de la alta tasa de mortalidad de niños en sus primeros tres años de vida, en ese periodo (1200-1300 d.C.). La mayoría de estos depósitos funerarios, que se hallan dentro de fosas excavadas en el sustrato, están distribuidos bajo un patio que estuvo apisonado. Todos los entierros infantiles presentaron ofrenda, compuesta por objetos cerámicos: flautas, sahumadores, incensarios, copas, cajetes, malacates con representaciones de aves, y platos, varios volteados bocabajo como símbolo de lo efímero de la vida, algunos de los estilos Azteca II (característicos por el tono negro sobre naranja) y Rojo Texcoco.

En dicho espacio se halló el entierro, también sedente, de una mujer que debió tener alrededor de 25 años a la hora de su muerte, la cual debió ser posparto, pues la osamenta se halló cubriendo los restos óseos de un neonato. El esqueleto portaba un ajuar, compuesto por un par de orejeras y una pulsera con cuentas de obsidianas de diversos tonos, en forma de gotas, lo que indica que se trató de un personaje importante del barrio de los pochtecas.

Asimismo, a unos metros del mismo patio, se ubicó el entierro de otro infante, el cual destaca por un cajete, de mayores proporciones con respecto a otros, que se le ofrendó, y porque también estaba acompañado por los restos óseos de un perro, indicativo de que el animal fue sacrificado para acompañarlo a la otra vida.

Además, en los alrededores de un altar (de 4 m por 6 m) estaban dispersos algunos cráneos que mostraban perforaciones simétricas en ambos parietales, que pudieron formar parte de un tzompantli, quizá de tipo vertical, pues los horizontales se comenzaron a utilizar en etapas posteriores, ya cuando los mexicas dominaban la zona.

Sobre los entierros hallados en posición sedente, denotan el conocimiento que los tepanecas tenían sobre el proceso de rigor mortis, de manera que flexionaban y amortajaban el cuerpo durante las primeras tres horas luego del fallecimiento de la persona. Una plataforma de 16 m de longitud, el altar, una serie de vestigios de cuartos y el patio mencionados, además de los restos de un drenaje, se cuentan entre los elementos arquitectónicos que se han detectado en el subsuelo, a partir de calas, unidades de sondeo y de excavación. En los rellenos de la excavación también se han encontrado varios entierros secundarios, es decir, que el individuo fue removido o sus restos fueron puestos en un sitio distinto al original. En estos mismos contextos, se han hallado figurillas femeninas asociadas a la fertilidad, y vasos vinculados al culto de los dioses Tlaloc y Quetzalcoatl, lo que permite reconocer las deidades veneradas por estos antiguos grupos.


publicado el 22 de Julio de 2012
texto: INAH y www.aztlanvirtual.com
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