Desde el 8.000 a.c. ya se navegaba en Mesoamérica
En la región del Cabo, en Baja California Sur, arqueólogos del INAH han localizaron un sitio con cientos de herramientas rudimentarias hechas por el hombre a finales de la época del Holoceno Temprano, periodo comprendido entre el 8.000 y el 6.000 a.c. El descubrimiento de estos objetos, que tienen una antigüedad de 9.000 años, refuerza la hipótesis acerca de la migración vía costera de los primeros pobladores del continente americano.
El hallazgo se registró en un sitio que los arqueólogos denominaron El Coyote, el cual se suma a otros similares en la región, que en conjunto plantean que el hombre se desplazó por la costa y llegó a lo que hoy es la península de Baja California, durante los últimos años de dicha era geológica.
Los avances de este estudio realizada en ese lugar desde hace tres años, fueron dados a conocer por los arqueólogos del INAH Isaac Aquino, director de la investigación; y Leticia Barajas, jefa de campo, quienes afirman que por la extensión de El Coyote, la cantidad de artefactos que ahí se conservan y la continuidad cronológica que ofrecen, su estudio y análisis apoyará de manera sustancial los antecedentes de ocupaciones humanas tempranas y tardías en la península, que diversos investigadores de la región han venido planteando tiempo atrás.
A partir de análisis de los materiales arqueológicos hallados, los especialistas identificaron una tecnología en el proceso de elaboración y aplicación de las herramientas de piedra y concha, igual a la que se ha encontrado en otros sitios de la región de El Cabo, y que tienen la misma temporalidad, entre los que destaca la Isla de Espíritu Santo, por lo que proponen que se trata del mismo grupo cultural aún no identificado, que bajó por la costa del Golfo de California desde la parte norte de la península hacia el sur, hasta incursionar en islas y ocupar una porción de esa región.
El Coyote abarca alrededor de cien hectáreas, localizadas en la zona costera del Golfo de California o Mar de Cortés, en las cuales se encontraron cientos de herramientas de piedra, conchas y caracoles con huellas de haber sido manipuladas por el humano, como la almeja (Chama buddiana) —cuya dureza sólo permite abrirla al fuego—, de la cual se hallaron ejemplares quemados; restos de animales marinos y terrestres que fueron consumidos, además de artefactos de pesca, de los que destacan tres anzuelos elaborados con conchas de madre perla (Pinctada mazatlánica).
Los milenarios objetos se encontraron en diversos puntos que los arqueólogos conocen como campamentos, algunos a cielo abierto (sin techo) y otros en el interior de cuevas; así como en espacios que eran ocupados como talleres primitivos para fabricar herramientas de piedra y concheros (áreas de desechos y consumo de moluscos), mismos que indican el desarrollo de distintas actividades relacionadas entre sí, como la extracción de riolita (roca) y la fabricación de herramientas para la obtención de recursos terrestres y marinos.
Los materiales descubiertos también indican que los antecesores de los bajacalifornianos ya navegaban para esa época remota, mediante algún tipo de balsa sencilla, con la cual se desplazaba mar adentro para después sumergirse a distintas profundidades, toda vez que los restos de algunas de las especies marinas encontradas sólo se pueden obtener por medio de buceo.
Finalmente, los especialistas señalaron que hasta el momento no se han encontrado esqueletos humanos por lo que es imposible saber a qué grupo étnico pertenecían los habitantes de El Coyote; sin embargo el arqueólogo Isaac Aquino explica que cuando llegaron los primeros exploradores españoles al Cabo, en el siglo XVI, esa región estaba habitada por el grupo pericué, etnia extinta actualmente.
El hallazgo se registró en un sitio que los arqueólogos denominaron El Coyote, el cual se suma a otros similares en la región, que en conjunto plantean que el hombre se desplazó por la costa y llegó a lo que hoy es la península de Baja California, durante los últimos años de dicha era geológica.
Los avances de este estudio realizada en ese lugar desde hace tres años, fueron dados a conocer por los arqueólogos del INAH Isaac Aquino, director de la investigación; y Leticia Barajas, jefa de campo, quienes afirman que por la extensión de El Coyote, la cantidad de artefactos que ahí se conservan y la continuidad cronológica que ofrecen, su estudio y análisis apoyará de manera sustancial los antecedentes de ocupaciones humanas tempranas y tardías en la península, que diversos investigadores de la región han venido planteando tiempo atrás.
A partir de análisis de los materiales arqueológicos hallados, los especialistas identificaron una tecnología en el proceso de elaboración y aplicación de las herramientas de piedra y concha, igual a la que se ha encontrado en otros sitios de la región de El Cabo, y que tienen la misma temporalidad, entre los que destaca la Isla de Espíritu Santo, por lo que proponen que se trata del mismo grupo cultural aún no identificado, que bajó por la costa del Golfo de California desde la parte norte de la península hacia el sur, hasta incursionar en islas y ocupar una porción de esa región.
El Coyote abarca alrededor de cien hectáreas, localizadas en la zona costera del Golfo de California o Mar de Cortés, en las cuales se encontraron cientos de herramientas de piedra, conchas y caracoles con huellas de haber sido manipuladas por el humano, como la almeja (Chama buddiana) —cuya dureza sólo permite abrirla al fuego—, de la cual se hallaron ejemplares quemados; restos de animales marinos y terrestres que fueron consumidos, además de artefactos de pesca, de los que destacan tres anzuelos elaborados con conchas de madre perla (Pinctada mazatlánica).
Los milenarios objetos se encontraron en diversos puntos que los arqueólogos conocen como campamentos, algunos a cielo abierto (sin techo) y otros en el interior de cuevas; así como en espacios que eran ocupados como talleres primitivos para fabricar herramientas de piedra y concheros (áreas de desechos y consumo de moluscos), mismos que indican el desarrollo de distintas actividades relacionadas entre sí, como la extracción de riolita (roca) y la fabricación de herramientas para la obtención de recursos terrestres y marinos.
Los materiales descubiertos también indican que los antecesores de los bajacalifornianos ya navegaban para esa época remota, mediante algún tipo de balsa sencilla, con la cual se desplazaba mar adentro para después sumergirse a distintas profundidades, toda vez que los restos de algunas de las especies marinas encontradas sólo se pueden obtener por medio de buceo.
Finalmente, los especialistas señalaron que hasta el momento no se han encontrado esqueletos humanos por lo que es imposible saber a qué grupo étnico pertenecían los habitantes de El Coyote; sin embargo el arqueólogo Isaac Aquino explica que cuando llegaron los primeros exploradores españoles al Cabo, en el siglo XVI, esa región estaba habitada por el grupo pericué, etnia extinta actualmente.
| publicado el 11 de Diciembre de 2011 texto: INAH y www.aztlanvirtual.com enlace permanente |
Teotihuacan tuvo ministerios fiscales
La Ventilla, un asentamiento en la periferia del centro ceremonial de Teotihuacan, el cual es considerado un modelo de lo que fue un barrio prehispánico de la antigua metrópoli, no sólo tuvo ese uso de suelo, sino también fue sede de los ministerios fiscales del Estado teotihuacano. Esto fue dado a conocer por los arqueólogos Rubén Cabrera Castro y Jaime Delgado, del INAH, durante su participación en la 5ª Mesa Redonda de Teotihuacan.
Rubén Castro cometó:
Rubén Castro cometó:
Los vestigios del barrio La Ventilla revelan una infraestructura que nos permite conocer el sistema urbano de Teotihuacan: calles que circundan las manzanas, un sistema hidráulico complejo y diferentes accesos. Todo esto nos permite proponer que fue un barrio, el más explorado hasta ahora. La Ventilla no fungió como un barrio desde su primera etapa, pero hacia el año 100 d.C. se convirtió en un núcleo de ocupación jerarquizado con un fuerte componente agrícola. Los edificios del Conjunto Bordes Rojos, que datan de los años del 150 al 250 d.C. representaron la consolidación de esa primera etapa de ocupación y, muy probablemente, fungieron como una sede del poder político o religioso vinculado al culto de la serpiente emplumada. Incluso la destrucción del templo dedicado a esta deidad, coincide con la destrucción entre los años 250 y 300 d.C. de las construcciones de Bordes Rojos de La Ventilla. El barrio La Ventilla estuvo conformado por dos sectores, el Conjunto Bordes Rojos y el Patio de los Glifos, que entre los años 250 y 550 d.C. fueron remodelados pero mantuvieron una vocación estatal, de manera que sirvieron como ministerios fiscales desde los cuales se clasificaban y organizaban los bienes obtenidos de la relación de Teotihuacan con otras regiones de Mesoamérica, como lo hace suponer una serie de glifos pintados en los pisos, que aluden a topónimos de otros lugares. Fue en ese momento que se construyó, al norte de La Ventilla, un barrio de producción de lapidaria, plumaria y trabajo en concha, entre otros oficios, como resultado de un fenómeno de crecimiento urbano y de especialización manufacturera. Por ello proponemos la existencia, por un lado, de ministerios fiscales y religiosos de vocación estatal, y por el otro, un barrio de producción hacia el norte. Es decir, no hubo una, sino dos entidades administrativas diferenciadas desde el punto de vista de la organización central, que se desarrollaron en paralelo y que sólo mantuvieron el nivel de interacción que exigía el Estado teotihuacano.
| publicado el 13 de Noviembre de 2011 texto: INAH y www.aztlanvirtual.com enlace permanente |
Confirmada la multietnicidad de Teotihuacan
La procedencia de los antiguos habitantes del barrio de Teopancazco, cuyos vestigios se ubican al sureste de la antigua urbe de Teotihuacan, fue revelada a través de estudios de antropología física y evidencias arqueológicas, que arrojaron que se trató de migrantes de la costa del Golfo de México, posiblemente de lo que hoy es Veracruz, quienes habitaron en la Ciudad de los Dioses entre los años 150 y 600 d.C.
A partir de análisis de paleodieta y estroncio, que permiten determinar el hábitat en que se desarrollaron los individuos, realizados a los restos óseos de más de 40 de los 117 entierros descubiertos en ese sitio, se determinó que se trató de personas de procedencia foránea, migrantes de diferentes latitudes provenientes de la costa del Golfo de México, aunque otro tanto también mostraban características locales que los ubican como nativos de Teotihuacan, lo que confirma el carácter multiétnico de esta ciudad prehispánica, donde habitaron diversos grupos provenientes de lo que actualmente es Oaxaca, Michoacán y Veracruz.
Linda Manzanilla, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, durante su participación en la 5ª Mesa Redonda de Teotihuacan comentó:
La procedencia costera de quienes habitaron ese sector de la antigua ciudad, hoy San Sebastian Xolalopan, también se ha deducido a través de las costumbres funerarias. Frente al hecho de que los teotihuacanos generalmente enterraban a sus muertos en fosas bajo los pisos de sus viviendas, en Teopancazco se hallaron entierros inusitados de varios individuos masculinos decapitados y dispuestos cada uno en vasijas tapadas y cubiertas con cinabrio, ritual del que sólo tiene precedente en Cerro de las Mesas, Veracruz. Teopancazco pudo haber fungido como un centro independiente y artesanal dedicado a la producción de atavíos de las élites. Aquí predominaron las actividades de sastrería, según la evidencia encontrada en el sitio, que va desde instrumentos de hueso como agujas para unir telas de algodón, herramienta para trabajar cuero y pieles y leznas, instrumento para hacer agujeros y coser, hasta botones de concha y cerámica, colorantes para telas y plumas y pieles para bordar o coser. Asimismo se encontraron muchas especies de moluscos provenientes tanto del Golfo de México, como del Pacífico y del Caribe, además de caparazones de tortuga y armadillo, así como restos de cocodrilos y pinzas de cangrejo que pudieron formar parte de los trajes, atavíos y tocados que elaboraban. Lo anterior nos sugiere que en Teopancazco se manufacturaban los trajes y tocados de sacerdotes y militares, como los que se muestran en los murales y figurillas del lugar. A partir del análisis de figurillas de cerámica encontradas en el sitio, con representaciones de ancianos, mujeres, jugadores de pelota y militares, se ha podido determinar cómo eran algunos de los tocados y vestimentas que se confeccionaban, por ejemplo, armaduras rellenas de plumas o algodón, o pectorales construidos con diversas conchas. La antigua Ciudad de los Dioses tenía multietnicidad en el área de la periferia, integrada por gente común dedicada a actividades artesanales como alfarería, sastrería, estucadores, talladores de obsidiana, cerámica, lítica tallada y pulida y lapidaria, entre otras, de donde la élite media, conformada por sacerdotes y militares que regían los barrios, linajes poderosos y casas nobles de la ciudad obtenían diversos productos. Teotihuacan representa un reto intelectual por su heterogeneidad y complejidad por ser a la vez centro de manufacturas y movimientos de bienes; capital de un Estado con estrategia corporativa, y que tuvo una compleja trama de grupos sociales y étnicos entrelazados por actividades comunes como rituales y ceremonias. Además fue un sitio sagrado, un asentamiento estratégico en cuanto a recursos como la obsidiana, en fin, un escenario mesoamericano único del cual nos falta muchísimo por desentrañar y conocer
| publicado el 06 de Noviembre de 2011 texto: INAH y www.aztlanvirtual.com enlace permanente |
Descubierto un Nuevo Cuauhxicalco en el Centro de la Ciudad de México

Una plataforma circular de grandes dimensiones y más de 500 años de antigüedad, fue descubierta por especialistas del INAH en la Plaza Manuel Gamio, frente al Templo Mayor, en el centro de la Ciudad de México.
Las primeras hipótesis apuntan a que es posible que se trate de un cuauhxicalco donde quizá fueron enterrados algunos tlatoanis o gobernantes. La estructura tiene 15 metros de diámetro y 1,5 metros de altura y fue hallada a cinco metros de profundidad. Corresponde a la etapa constructiva IV B del Templo Mayor (1469-1481), relativa al gobierno de Axayácatl. Dicha estructura fue desmantelada en aquella época, durante las obras de ampliación de Templo Mayor. Este hallazgo es de gran relevancia porque permitirá hacer una nueva radiografía de la antigua Tenochtitlan, respecto a la distribución de los 78 edificios prehispánicos que conformaban el recinto sagrado, de acuerdo con las crónicas de fray Bernardino de Sahagún, y aportará nuevos datos sobre la historia, la arquitectura y las prácticas rituales de la cultura mexica.
Eduardo Matos Moctezuma, investigador emérito del INAH y fundador del PAU, mencionó que según fuentes documentales de cronistas del siglo XVI, como Diego Durán, Tomás de Torquemada, Hernando Alvarado Tezozómoc, y principalmente Bernardino de Sahagún, existían cinco cuauhxicalco o edificios ceremoniales del recinto sagrado de Tenochtitlan, donde habrían sido enterrados algunos tlatoanis o gobernantes mexicas, y quizá este edificio sea uno de ellos, pues guarda relación directa con el Templo Mayor al estar justamente frente a él. El primero de los hallados de este tipo se ubica debajo del sagrario de la Catedral Metropolitana, el cual se cree que se trata del Templo del Sol, debido a sus grandes dimensiones y a las representaciones solares que tiene, y el segundo sería esta plataforma que se acaba de descubrir.
Raúl Barrera, responsable del Programa de Arqueología Urbana del INAH, explicó:
Eduardo Matos Moctezuma, investigador emérito del INAH y fundador del PAU, mencionó que según fuentes documentales de cronistas del siglo XVI, como Diego Durán, Tomás de Torquemada, Hernando Alvarado Tezozómoc, y principalmente Bernardino de Sahagún, existían cinco cuauhxicalco o edificios ceremoniales del recinto sagrado de Tenochtitlan, donde habrían sido enterrados algunos tlatoanis o gobernantes mexicas, y quizá este edificio sea uno de ellos, pues guarda relación directa con el Templo Mayor al estar justamente frente a él. El primero de los hallados de este tipo se ubica debajo del sagrario de la Catedral Metropolitana, el cual se cree que se trata del Templo del Sol, debido a sus grandes dimensiones y a las representaciones solares que tiene, y el segundo sería esta plataforma que se acaba de descubrir.
Raúl Barrera, responsable del Programa de Arqueología Urbana del INAH, explicó:
La plataforma se conforma de piedras de tezontle, unidas con lodo, y recubrimiento de estuco, y posee esculturas de cabezas de serpiente empotradas alrededor, a manera de clavos arquitectónicos, de las cuales hasta el momento se han contabilizado 19, algunas hechas en toba y las de mayor tamaño, de entre 40 y 45 centímetros, en basalto. Según las crónicas de fray Bernardino de Sahagún, un sacerdote bajaba desde el Templo Mayor con una xiuhcoatl o víbora de papel, que era quemada en la plataforma ubicada frente al Templo Mayor, quizá como parte de una ceremonia religiosa asociada al dios de la guerra Huitzilopochtli, lo que nos hace pensar que dicha estructura corresponde a este basamento circular recién encontrado. En la parte superior de la estructura circular también se hallaron dos lápidas de piedra, que quizá originariamente estuvieron empotradas en el muro. Una tiene tallada la representación de un chimalli o escudo mexica, que se relaciona con Huitzilopochtli, y la otra, la figura de un chalchihuitl u ornamento, comúnmente utilizado por esta antigua civilización, la cual presenta volutas que semejan humo, que a su vez se relacionan con el fuego, por lo que quizá en esta estructura se realizaban actividades con este elemento, probablemente incineraciones. Al realizar sondeos para la cimentación de la nueva entrada al Museo del Templo Mayor, encontramos restos de pisos, uno de ellos es de bloques de andesita rosa y corresponde a la etapa constructiva VI, el cual a su vez cubría el segundo piso que está conformado por lajas de basalto, y se relaciona con la etapa V. Bajo estos pisos encontramos un muro prehispánico redondeado, por lo que extendimos la excavación, y a principios de septiembre se determinó que se trataba de una estructura arquitectónica circular, misma que presenta buenas condiciones de conservación. Consideramos que tuvo una gran relevancia para los mexicas, tanto por sus dimensiones como por su ubicación al estar frente al Templo Mayor, en orientación al adoratorio dedicado a Huitzilopochtli.
| publicado el 09 de Octubre de 2011 texto: INAH y www.aztlanvirtual.com fotografía: INAH enlace permanente |
Restaurada una escultura olmeca en Chalcatzingo

Un relieve olmeca de más de una tonelada y media, con la imagen de tres felinos, y cuya antigüedad es de aproximadamente dos mil 800 años, representa el último monumento descubierto en Chalcatzingo, en el municipio morelense de Jantetelco, el único sitio prehispánico que se conoce en el Centro de México con grandes bajorrelieves. El hallazgo de esta antigua obra de más de 1,5 m de altura, fue registrado por investigadores del INAH a finales de abril, en la falda norte del Cerro Gordo o Chalcatzingo, durante las labores para abrir un nuevo circuito de visita en esa zona arqueológica.
Debido a que el monumento se halló fragmentado en 11 partes, los restauradores han estado efectuando labores de conservación, entre mayo y junio, que ahora permiten admirar la Tríada de los felinos de manera íntegra. Con este descubrimiento ascienden a 41 los monumentos descubiertos en Chalcatzingo desde sus primeras exploraciones en los años 30 del pasado siglo. Así mismo, ya son cuatro los que tienen figuras de felinos, animales temidos y venerados por los olmecas, quienes dejaron su impronta en este lugar en el periodo Preclásico Medio.
El arqueólogo Mario Córdova Tello, delegado del Centro INAH-Morelos y quien ha impulsado el Proyecto Arqueológico Chalcatzingo explicó:
Debido a que el monumento se halló fragmentado en 11 partes, los restauradores han estado efectuando labores de conservación, entre mayo y junio, que ahora permiten admirar la Tríada de los felinos de manera íntegra. Con este descubrimiento ascienden a 41 los monumentos descubiertos en Chalcatzingo desde sus primeras exploraciones en los años 30 del pasado siglo. Así mismo, ya son cuatro los que tienen figuras de felinos, animales temidos y venerados por los olmecas, quienes dejaron su impronta en este lugar en el periodo Preclásico Medio.
El arqueólogo Mario Córdova Tello, delegado del Centro INAH-Morelos y quien ha impulsado el Proyecto Arqueológico Chalcatzingo explicó:
Posiblemente este relieve fue realizado en el perfil del cerro, y con el paso del tiempo cayó fragmentándose en 11 pedazos, tal y como fue encontrado. Una de nuestras hipótesis es que para esa época hubo un friso a lo largo de todo el Cerro Chalcatzingo, como se observa en el área donde está el bajorrelieve denominado El Rey, y otros cercanos a éste. Los tres felinos que se observan en el relieve están labrados de perfil, sentados y mirando al poniente. Todos exhiben en los maxilares superiores un gran colmillo, y cada uno presenta diseños distintos en la cabeza. Toda la escena está rodeada por grandes volutas. Faltan estudios iconográficos en torno a ésta y las demás manifestaciones talladas de Chalcatzingo. Hasta el momento nos hemos dedicado a la conservación de estos monumentos, de modo que varios de ellos han sido restaurados y protegidos con una cubierta, cuyo diseño no rompe con la visual del sitio. El siguiente paso es complementar los registros fotográficos y de dibujo arqueológico, con planos tridimensionales que son mucho más exactos. Otro de los grandes relieves que ya pueden ser admirados por el público, es el conocido como La Procesión o Los Olmecas Caminantes, que muestra cuatro figuras de hombres ricamente ataviados, todos de perfil, tres de pie y uno recostado. Hoy mediante labores con las que se rebajó la roca que estaba al frente y que ocultaba la imagen, este relieve ya puede ser apreciado y estudiado directamente. Dicha pared rocosa fue eliminada hasta el nivel que se requería para apreciar el diseño. También con el fin de que los visitantes puedan apreciar adecuadamente el relieve, se construyó un mirador con los bloques de piedra sustraídos.
| publicado el 27 de Julio de 2011 texto: INAH y www.aztlanvirtual.com fotografía: INAH enlace permanente |
Evidencias de canibalismo entre los xiximes
Después de cuatro años de investigación en la Cueva del Maguey, en la Sierra de Durango, especialistas del INAH han confirmado, mediante estudios osteológicos, que los antiguos grupos xiximes consumieron carne humana durante un ritual asociado con la guerra y el ciclo agrícola. Los investigadores han llegado a esta conclusión después de efectuar estudios de antropología física a alrededor de cuatro decenas de huesos humanos, halladas por arqueólogos en esa región, de los cuales, al menos el 80 por ciento tiene huellas de corte y de haber sido hervidos, lo que revela prácticas de antropofagia como parte de un rito que sólo incluía a xiximes, es decir, únicamente se consumían entre ellos.
José Luis Punzo, arqueólogo responsable del Proyecto de Investigación y Conservación de las Casas en Acantilado de la Cueva del Maguey explicó:
José Luis Punzo, arqueólogo responsable del Proyecto de Investigación y Conservación de las Casas en Acantilado de la Cueva del Maguey explicó:
A partir de los estudios arqueológicos del mencionado ritual, se busca recuperar el testimonio de los indígenas que habitaron hacia el año 1450, en casas construidas en el interior de cuevas, conocidas como Casas en Acantilado, y cuya cosmovisión se perdió con la evangelización, mientras que sus actividades sólo eran conocidas a partir de cartas elaboradas por los misioneros europeos bajo la concepción cultural occidental y de la religión católica, sin tomar en cuenta lo que motivó a los xiximes a alimentarse del alma de otro ser humano. La investigación ha implicado un ir y venir de la etnohistoria a la arqueología, que ha permitido establecer un ciclo ritual muy complejo, desarrollado por los xiximes para la siembra y crecimiento del maíz, y en el que también la cacería de venado era una pieza importante. Durante los últimos cuatro años se han descubierto alrededor de cuatro decenas de huesos humanos, principalmente largos y de coyunturas. De éstos, el 80 por ciento tiene huellas de corte y de haber sido hervidos con fines de antropofagia, como se ha identificado con estudios de antropología. Previo a esta exploración ya se tenía información por fuentes etnohistóricas de esta práctica en lo que hoy es la Sierra de Durango. Sin embargo, no se habían comprobado con evidencias arqueológicas. Además de que para la antropología se trata de estudios sumamente delicados, porque la antropofagia suele verse con prejuicio, incluso por los historiadores. Lo importante es verlo como una cuestión fundamental en la cultura de los xiximes. Las fuentes históricas que hacen más referencia a este ritual son las cartas anuales que hacían los jesuitas a principios del siglo XVII, para informar de sus actividades. La más importante es la Carta annua de Hernando de Santarén, que envió en 1604 a sus superiores en México, informándoles de los grupos indígenas que encontraron en la sierra del actual estado de Durango. El jesuita hace una descripción etnográfica y su texto ha sido muy publicado desde los años 30 del siglo XX. Encontramos más cartas que no estaban publicadas, como otra del mismo Santarén de 1611 y las misivas del padre Alonso Valencia. Por pruebas de datación de carbono 14 en los huesos recolectados, confirmamos que los xiximes habitaron en la Cueva del Maguey hacia 1450. Es decir que los jesuitas los encontraron viviendo en ese sistema de cuevas. A partir de conjuntar dichos textos con la evidencia arqueológica, se ha podido reconstruir el ciclo ritual, que es un logro para entender la cosmovisión de ese grupo, porque sólo se conocía la visión descrita por los españoles. El ritual se llevaba a cabo para la cosecha e implicaba la cacería de venado y la elaboración de tamales con el maíz nuevo. Después de ello, los xiximes salían a la guerra, a la cual se dedicaban la mitad del año. Cuando ganaban una batalla solían llevarse el cadáver del enemigo. Al regresar a su localidad hacían un ritual muy complejo en el que participaba toda la población, cuyo objeto era apropiarse del alma del otro mediante el consumo de su cuerpo. Las partes de mayor valor eran la cabeza y las manos. Es importante decir que solamente se comían entre xiximes. Podían pelear contra otros grupos culturales pero no se llevaban los cuerpos ni se los comían, sólo entre xiximes tenía lugar esta guerra ritual. Los huesos humanos eran muy importantes para los xiximes porque les permitían renovar el ciclo del maíz. Para volver a sembrar tenían que hacer otro ritual con los huesos de los enemigos razón por la cual los guardaban. A través de registros minuciosos hemos podido localizar concentraciones mayores de huesos.
| publicado el 24 de Julio de 2011 texto: INAH y www.aztlanvirtual.com fotografía: INAH enlace permanente |
Halladas esculturas de guerreros sacrificados en Toniná

Dos esculturas prehispánicas de piedra caliza, que representan a cautivos de guerra, y un par de marcadores de un juego de pelota, fueron hallados por especialistas mexicanos del INAH en la zona arqueológica de Toniná. El descubrimiento corrobora la alianza pactada por los señoríos de Copán, en Honduras, y Palenque, en México, en la guerra que esta última ciudad maya sostuvo contra Toniná durante 26 años (del año 688 al 714 d.C.) por el control de las aguas del río Usumacinta.
Las esculturas de los prisioneros de Copán y los dos tableros, cuya antigüedad aproximada es de 1.300 años, fueron hallados bajo tierra a fines de mayo de 2011, al sur de la cancha del Juego de Pelota. Juan Yadeun, responsable del Proyecto Arqueológico Toniná comentó:
Las esculturas de los prisioneros de Copán y los dos tableros, cuya antigüedad aproximada es de 1.300 años, fueron hallados bajo tierra a fines de mayo de 2011, al sur de la cancha del Juego de Pelota. Juan Yadeun, responsable del Proyecto Arqueológico Toniná comentó:
Todas las piezas se encontraron rotas. Los dos tableros en más de 30 fragmentos, una de las esculturas en alrededor de 20 partes y sin cabeza, y la otra se encontró completa, aunque fracturada en tres partes. Estos nuevos hallazgos ofrecen información de las batallas sostenidas por Toniná hace más de mil años, a diferencia de otros seis elementos decorativos que fueron encontrados en la década de los 90 que debido a sus malas condiciones de conservación no fue posible hacer interpretaciones precisas que ayudaran al entendimiento de la historia de la civilización maya. Las esculturas son representaciones de guerreros mayas hechos prisioneros por antiguos habitantes de Popo, la actual Toniná y que en algún momento fueron expuestos en vida en los cuatro extremos de la cancha. Posteriormente, en esos mismos puntos, fueron colocadas sus representaciones en piedra para comunicar permanentemente a los habitantes del lugar que su gobernante había ganado la guerra contra las ciudades mayas de Palenque y Copán, según lo revelan las diversas inscripciones encontradas en el transcurso de las excavaciones de la cancha del juego de pelota. Ambas esculturas de cautivos tienen inscripciones jeroglíficas que refieren que estos individuos fueron súbditos del señor Khuy Nic Ajaw, perteneciente al reino de Copán durante la época en que gobernó Uaxaclajuun Ubhaah Khawiil, conocido también como 18 Conejo, en el periodo Epiclásico. Las inscripciones también refieren que los cautivos fueron ofrendados con fuego y humo de copal durante una celebración relacionada con la cancha del juego de pelota. Consideramos que pudo haber sido durante la inauguración de la segunda etapa decorativa de la cancha del reino maya de Popo ocurrida alrededor del 695 d.C. También se puede apreciar claramente que el cabello del cautivo fue recogido con fines rituales, pues era costumbre entre los mayas recoger el pelo del prisionero para llevar a cabo su decapitación. Ambos prisioneros aparecen sentados con las piernas cruzadas y las manos atadas por detrás. Desde 688 hasta 714 d.C., se desarrollaron diferentes batallas entre Toniná y Palenque por la búsqueda de poder y control las grandes aguas, enclavadas en las cuencas de la región, que bañaban el río Usumacinta y de otros afluentes menores, entre ellos el Jataté, La Venta, San Pedro y Palizada. Por ello, alrededor del año 688, Yuhknohm Wahywal, señor de Toniná, fue capturado y probablemente asesinado por el primogénito de Kinich Janaahbh Pakal, gobernante de Palenque, como lo refieren las inscripciones de Palenque. Ante esta catástrofe hubo cambios en la cosmovisión e ideología de los habitantes de Toniná. Asimismo, por esta razón destruyen la iconografía de diversos templos y de la cancha del juego de pelota, de la cual rompen los seis marcadores en forma de cabezas de serpientes celestes vinculadas con el movimiento de las estrellas, el cosmos, el culto a las montañas y la lucha entre los señores de la luz y los de la oscuridad para crear y destruir constantemente el universo. Entre el 695 y 714 d.C. en Toniná se realizó la segunda etapa constructiva de la cancha del juego de pelota, debido a que, a partir del 688 d. C., Khinich Baak Nal Chaahk, señor de Popo, hizo frente al gobernante de Palenque y tomó como prisioneros a varios de sus aliados. A partir de entonces la cancha del juego de pelota fue dedicada a las batallas y victorias obtenidas por Toniná sobre sus enemigos, en donde se representaron guerras entre la luz, con la cual se identificaban los habitantes de Toniná, y la oscuridad en la tierra, vinculada al señorío de Palenque. En esta segunda etapa del juego de pelota se crearon nuevos marcadores, que corresponden a los dos tableros que se acaban de encontrar en estas excavaciones, y en los cuales hay inscripciones que también se hacen mención del título dinástico del señor Khuy Nik Ajaw, del reino de Copán.
| publicado el 13 de Julio de 2011 texto: INAH y www.aztlanvirtual.com fotografía: INAH enlace permanente |

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